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Bibis, babus, familias y niños

REPORTAJE

21 | 07 | 2022

SOLIDARIDAD

Texto Andrés Tejerina

FotoCedidas

Estudiantes cuentan cómo aprovechan el verano para ayudar a los demás

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Carlota Uriarte es una de las voluntarias que ha viajado hasta Costa de Marfil.

Tras los exámenes de fin de curso, algunos estudiantes deciden dedicar su tiempo a ayudar a los demás en distintos países del mundo. De esta forma, se comprometen con proyectos que complementan su formación tanto a nivel académico como personal. Este año, el programa renace tras la pandemia. Algunos de los países de destino son Guatemala, Ecuador, Uganda, Tanzania y Costa de Marfil.

A lo largo del curso 2021/22, 1.499 voluntarios formaron parte de los proyectos de voluntariado de Tantaka. De ellos, 53 están participando este verano en actividades de cooperación internacional. Parecen solo cifras, pero detrás de cada persona hay una historia de cómo sus acciones han logrado impactar en sus vidas, y en las de los más necesitados.

Francis Vieira (Medicina ’24) ayuda a realizar chequeos médicos a ancianos en Tanzania

"Después de esta experiencia he confirmado que quiero dedicar a esto gran parte de mi vida". Francis Vieira, estudiante de Medicina, acaba de volver de Tanzania. Explica que para poder participar en el voluntariado tuvo que pasar una serie de etapas, desde preparar su CV y realizar varias entrevistas, hasta aprobar todas las asignaturas en la convocatoria ordinaria. Francis comenzó el 5 de junio en el proyecto Rafiki, apoyando, principalmente, uno de sus pilares fundamentales: la atención básica. "Cuidabamos de bibis y babus (abuelos y abuelas, en swahili). Muchos recibían su primer chequeo básico después de años", explica. El objetivo de este proyecto es atender al máximo número de personas en las regiones en las que trabajan, y pasar de hacer chequeos cada cinco años a hacerlos semanalmente. Un cambio absoluto en la vida de estos ciudadanos.

"Lo que más me gustó es que sentí que era la primera vez que mis acciones tenían impacto en la vida de los pacientes", dice Francis. En el voluntariado, colaboró también con el proyecto de Blue Sky School, una escuela que enseña inglés y que se acerca ya al millar de estudiantes, ayudando a su enfermería para que todos los niños tengan un registro de salud y atención continua.

Al contar su experiencia, Francis se declara "enamorado del proyecto" y promete que va a seguir siendo parte de él. "Los de Tanzania están entre mi gente favorita. Desde que llegas irradian felicidad".

Laura Acebal (Enfermería ’23) realiza una estancia en un hospital en Costa de Marfil

Laura Acebal tenía decidido hacer voluntariado desde el curso pasado, pero no pudo debido a las restricciones causadas por la COVID-19. Este año le dieron dos alternativas: viajar a América con un grupo grande de voluntarios, o hacerlo en África sólo con otra persona más. Se decidió por la segunda opción. Próxima a comenzar su cuarto año de Enfermería, nos cuenta su labor en  Costa de Marfil, donde se encuentra actualmente: "Trabajamos de ocho a doce y de tres a seis. Los fines de semana aprovechamos para hacer excursiones y visitas a diferentes lugares. Estamos en un hospital, al que vienen pacientes a citas y revisiones. Nos han elaborado un plan muy interesante con el que podemos ir por distintos sitios, farmacias, salas de cura, nutrición y dar sesiones de formación". 


Cuenta que lo que más le llama la atención es la cantidad de niños desnutridos que llegan. "Los pacientes llegan en un nivel de vulnerabilidad que nunca antes había visto", explica.

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Laura Acebal es voluntaria en un hospital en Costa de Marfil.

El día a día de Laura en Costa de Marfil la llena de momentos muy diferentes a los que está acostumbrada "Hay muchísima pobreza. Se te puede cortar la luz un día entero y con eso te quedas sin conexión. Dada la situación, son cosas que poco importan, pero a las que no estamos acostumbrados en España".

A falta de terminar el voluntariado, considera que es una experiencia impresionante, ya que siente que tiene impacto en la vida de las personas, principalmente, de las mujeres.

 

Inés Ávila (Psicolgía ’22) colabora para combatir la desnutrición infantil en Guatemala

Inés Ávila, recién graduada en Psicología, ha pasado todo el mes de junio en Guatemala en un proyecto que pretende combatir la desnutrición temprana en niños.

Comenta que durante sus primeros años de carrera ya había pensado en participar en alguna actividad de voluntariado: "En 2020 tenía un proyecto organizado para ayudar en la India pero llegó el coronavirus. Este año he tenido de nuevo la oportunidad de ayudar a los demás. Escogí este proyecto en Guatemala por su enfoque".

Inés estuvo casi un mes en el país centroamericano, visitando aldeas y familias, y tomando registro de cómo estaban comiendo los niños, de cuánto medían o de cuánto pesaban. "A veces, más allá de lo médico, lo que necesitaban las madres era tan solo que les escucharas un rato o que jugaras con sus niños", recuerda.

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Inés Ávila ha pasado todo el mes de junio en Guatemala en un proyecto que pretende combatir la desnutrición temprana en niños.

Al regresar a España, Inés valora su experiencia: "Al principio, la pobreza me resultaba muy incómoda. Pasaba mucho frío pero veía que los niños eran muy felices con lo poco que tenían", reconoce. Ahora, tras su voluntariado, Inés aprecia más lo que tiene y se ve capaz y con ganas de afrontar los retos que le lleguen.

 

Carlota Uriarte (Enfermería ’24) presta atención sanitaria en Costa de Marfil

Carlota Uriarte, estudiante también de Enfermería, cuenta que siempre ha participado en acciones de voluntariado. Ahora acaba de regresar de Costa de Marfil y cuenta con mucha nostalgia su rutina diaria: "A las siete desayunábamos, de ocho a doce y de tres a seis estábamos en el hospital asignado. Los miércoles nos llevaban a otro hospital de una aldea donde hacíamos un seguimiento de la nutrición de los niños. Los fines de semana visitábamos otras aldeas para jugar con los niños y ayudar en su educación".

 

Una de las cosas que más le llamó la atención es el trato que le brindó la gente: "En las aldeas, todos se volvían locos por saludarnos. Había momentos en que las familias te daban comida, a pesar de que no tenían apenas para ellos, y se sentían sumamente felices ofreciéndotela".

El voluntariado superó las expectativas de Carlota, que reconoce que no sabía qué era lo que le esperaba, pero que ahora tiene muchas ganas de regresar. "La situación ha sido muchísimo mejor de lo que esperaba. La gente es una locura, son muy acogedores y te ofrecían de todo, en cualquier sitio", recuerda. "Si las personas podían ponerse a tu servicio, lo hacían, pero con alegría. En eso nos dan mil vueltas", concluye. 

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Carlota Uriarte trabajaba durante la semana en un hospital. Los fines de semana visitaba otras aldeas para jugar con los niños y ayudar en su educación.

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